Sur de África: Ciudad del Cabo, Desierto del Namib, Swakopmund y Skeleton Coast

7 Octubre – Viaje de ida, que suplicio!

Nuesto viaje comenzó en el Aeropuerto del Prat (Barcelona) bien temprano por la mañana. Siempre habíamos tenido suerte y únicamente habíamos sufrido un retraso de avión y una pérdida de maleta en el resto de viajes (rápidamente solucionada) que habíamos realizado. Sin embargo, las complicaciones de este viaje se harían notar desde el principio. Cual es nuestra sorpresa cuando avisan de que en Amsterdam hay niebla y el vuelo saldrá con 40 min de retraso. La espera siempre es aburrida pero ya vimos desde este momento que la compañía KLM no tiene nada que ver con Iberia por ejemplo. Al menos nos dieron vales para desayunar y pasamos el rato.

Una vez ya en el avión y a punto de aterrizar en Amsterdam vemos por la pantallita que el vuelo de conexión con Ciudad del Cabo está a punto de partir. Efectivamente, al llegar a la terminal desde donde partía ya no hay nada que hacer y aquí empieza nuestro periplo y el de mucha gente que nos acompañaba desde Barcelona y se dirigía a destinos dispares. Esa misma noche teníamos reserva de hotel en Ciudad del Cabo y la íbamos a perder. El objetivo ahora era conseguir un vuelo a dicha ciudad lo más pronto posible.

Tras esperar la cola en los mostradores nos consiguieron un vuelo con British Airways para esa misma tarde a Ciudad del Cabo previo paso por Londres. La solución no estaba del todo mal, teniendo en cuenta que la primera noche de hotel ya estaba perdida y llegaríamos a la mañana siguiente. KLM nos dio agua, más vales para comer en el aeropuerto, otro vale para poder llamar a Sudáfrica (y avisar de que no llegaríamos) y a España y otro vale de 50 euros de descuento para un futuro billete durante un año.

British Airways

Por la tarde cogimos el avión a Londres y siguiendo con nuestra mala suerte salió con retraso. Seguía el mal tiempo en Amsterdam. Una vez en Londres y con cara de desaliento tuvimos que correr literalmente por las terminales para llegar a coger el vuelo de British Airways a Ciudad del Cabo. Maldito Heathrow que grande eres!!! Ya no concebíamos perder dos vuelos a Sudáfrica en un mismo día, parecía de película.

8 Octubre – Ciudad del Cabo, al fin!

Por fin llegamos a Ciudad del Cabo!!! Después de estar volando toda la noche y llevar más de 24h para llegar a nuestro destino, nos dirigimos a coger nuestras preciadas mochilas. No es oro todo lo que reluce y nos damos cuenta que British ha perdido mi mochila aunque no así la de Ely. Menos mal que llevábamos algunas mudas en el equipaje de mano, pero no ropa de abrigo y allí hacia un frío del carajo.

Cogimos un taxi y nos dejó en nuestro hotel, el Mandela Rhodes & Place. Al llegar vemos que el centro de la ciudad bien podría pasar por cualquier ciudad europea en cuanto a aspecto. No así sus alrededores ya que desde el aeropuerto al centro sólo existían kilómetros y kilómetros de barriadas de chabolas o townships como lo llaman allí. La verdad es que el hotel está muy bien ya que por 60 euros la noche en AD tienes no una habitación, sino un apartamento directamente con dos habitaciones, dos lavabos, un comedor enorme y una cocina totalmente equipada. Además está situado en el centro muy cerca de Long Street y muy limpio, que total es lo que más valoramos.

Habitación Hotel Mandela

Habitación Mandela

No hay tiempo que perder y aunque estamos reventados de todo el viaje de ida nos vamos a visitar Table Mountain. Nos subimos al teleférico y la verdad es que a pesar de que hacía frío y yo sin mucha ropa de abrigo, el día está despejado y las vistas son alucinantes. Desde arriba divisamos todo el océano, los Doce apóstoles y toda la bahía de la ciudad con el Lion’s Head, Robben island y el estadio de fondo. No he tenido la suerte de visitarla pero por fotos, el entorno natural de esta ciudad me recordaba mucho a Rio de Janeiro. Aquí vimos a nuestros primeros animales del viaje, los damanes de las rocas, unos roedores que de aspecto serían medio rata medio conejo, muy graciosos.

Teleférico Table Mountain Ciudad del Cabo Sudáfrica

Damanes de las rocas Ciudad del Cabo Sudáfrica

Table Mountain Ciudad del Cabo Sudáfrica

Ciudad del Cabo Sudáfrica

Una vez abajo nos fuimos al otro extremo de la ciudad, justo al lado del mar. Estuvimos viendo el estadio de Ciudad del Cabo donde España jugó contra Portugal en los octavos del Mundial o Alemania le metió 4 a Argentina y yo que soy futbolero me hizo especial ilusión, a parte de que el estadio es muy bonito. Caminando fuimos a visitar el Waterfront todo lleno de tiendas lujosas y restaurantes caros. Aquí vimos a unos cuantos leones marinos aunque ni punto de comparación con la cantidad que más tarde veríamos en Namibia.

Estadio Ciudad del Cabo

Waterfront músicos

Waterfront

Ya por la tarde, recorrimos Long street y estuvimos de compras en Greenmarket Square, situado muy cerca del hotel. Pudimos comprobar al finalizar el viaje que quizás ese mercado sea de los más baratos de todo el recorrido, vale bastante la pena.

Nos dieron las tantas y estábamos muertos de sueño, todavía no habíamos descansado en condiciones. A dormir, porque el día siguiente iba a ser duro pero iba a depararnos una de las mayores ilusiones que teníamos depositadas en el viaje y uno de los principales motivos por los que visitar Ciudad del Cabo. Queríamos ver al Gran Tiburón Blanco, con mayúsculas.

9 de Octubre – Gansbaai,  El Gran Tiburón Blanco

Desde que era pequeño me tragaba la película de Tiburón cada verano y luego cuando ibas a la playa, te metías en lo más profundo y tu madre te echaba la bronca pero no te arrepentías porque la sensación de inseguridad por si aparecía un tiburón siempre era curioso y excitante. Aun así, pienso que la fama de asesino de los mares no es bien merecida y se debe desmitificar, porque en realidad el verdadero depredador es el humano y los tiburones cada vez van a menos. Muchas veces vemos reportajes de estos animales y en todos se coincide en este aspecto. Habíamos tenido la suerte de bucear entre ellos pero sabía que la sensación de estar delante del Gran Blanco sería diferente y no nos defraudaría.

A las 4:30 de la madrugada nos recogían en el hotel para dirigirnos a Gansbaai, situado a dos horas de Ciudad del Cabo hacia el este. La empresa con la que cogimos la actividad fue Shark Cage Diving con el tal Brian McFarlane. Por lo que había leído, este hombre era cazador de tiburones antes de dedicarse a esto y eso no nos convencía mucho, pero supongo que todo el mundo tiene derecho a la rectificación. Por lo que leímos es de las mejores empresas, recomendada por Lonely Planet y diferentes canales de reportajes como National Geographic o Discovery Channel han ido con ellos. Mucha gente los ha elegido y además pertenecen al grupo de conservación del tiburón blanco en aquella zona.

De camino el paisaje era muy bonito y está todo lleno de pueblecitos con casas-mansiones que ya nos gustaría tener a cualquiera. Los contrastes entre pobreza y riqueza nos sorprendían mucho de este país. La adrenalina y la sensación de acojone iban en aumento cuando se veía el océano embravecido. Yo que tanto había esperado ese momento durante años, estaba mucho más tenso que Ely que no es precisamente alguien que se piense las cosas dos veces, ella va de cabeza y encima se reía de mi.

Al llegar nos metieron en una casa con vistas al mar donde podíamos desayunar con un gran buffet y coger fuerzas. Toda la casa estaba decorada con fotos del tiburón y actores de Hollywood que habían realizado la actividad con ellos, cuanto menos era curioso. Cuando la hora de la verdad llegó y tras un pequeño resumen de cómo iría todo, nos llevaron al barco en cuestión situado justo en frente de la casa. Al comparar el barco con el resto de los que vimos lo vi mucho más nuevo, con una jaula más espaciosa y menos cutre. La cantidad de gente que íbamos era menos en comparación con el resto de compañías. Sólo por eso ya me mereció la pena.

Barco Shark Cage Diving

El barco zarpó y se dirigió a Dyer Island una especie de atolón rocoso con una gran colonia de leones marinos. Situado a unos cinco km de la costa los tiburones permanecen durante todo el año por allí teniendo su plato favorito en cantidad. De camino hacía frío aunque nos dieron una especie de chubasqueros rollo capitán Pescanova que protegían bastante. El agua era negra como el carbón y estaba movidita, nos dijeron que estaba a 1º, casi nada igual que en el Caribe! No era la mejor época para una buena visibilidad pero tampoco la peor y por lo que dijeron habría unos 6m. Cuando fuimos acercándonos al atolón pararon el barco al ver un león marino partido en dos y muchas gaviotas alimentándose de los restos. Fue aquí cuando  dejándose llevar por la marea a motor parado, fueron empezando a soltar lo que llaman el “Chumb” un cóctel a base de atún machacado que va dejando un rastro durante todo el día.

Chumb

Jaula

No tardó mucho en salir el primero, uno pequeño de unos 3m. Se iba y volvía e iba jugueteando con el anzuelo con silueta de foca que le lanzan y atraído por el olor. Los primeros valientes se metieron en la jaula aunque nosotros preferíamos esperar a uno más grande, teníamos esperanza. Más tarde salió otro de igual tamaño, más tarde otro un poco más grande y luego otros dos ya medianitos que empezaban a impresionar. Durante la mañana cabe decir que había barra libre de bebidas, snacks y bocadillos y la tripulación se esforzaba muchísimo por encontrar tiburones y que pasasen cerquita de la jaula. El Sol ya había salido y la espera entre uno y otro no se hacía pesada.

Shark 1

Shark 4

Shark 3

El último que vimos de los seis en total, fue con el que nos metimos en la jaula. La espera nos recompensó y tuvimos la suerte de que este último era el más grande de unos 5m y con un lomazo bestial. El tiburón estuvo muchísimo rato alrededor del barco y como la gente había tenido tiempo de estar en la jaula anteriormente, pudimos disfrutar de él durante casi 40 minutos. Precisamente me gustó eso, que en ningún momento hubo prisas y pudimos estar cara a cara largo rato. El agua estaba congelada pero en ese momento se te olvida todo. La sensación que transmite es potencia y elegancia a la vez, es un animal majestuoso.

Jaula 2

Shark 2

Dentro de la jaula la sensación de inseguridad es nula, en ningún momento el animal va a arremeter, simplemente nada cerca y como mucho muerde el anzuelo, nada más. Eso sí, la jaula al ser espaciosa es difícil de mantenerte con la fuerte corriente sin que se te escape en algún momento el brazo o la pierna fuera de esta si estás haciendo fotos o grabando como en mi caso. El punto negro fue que la cámara pequeña que llevábamos con carcasa se nos cayó al fondo del océano cuando volvíamos a subir al barco con un montón de fotos chulas, que mala suerte! Aun así, nuestros compañeros ese día nos pasaron alguna por mail.

Shark 5

Shark 6

Al llegar al hotel, sorpresa! Mi maleta había sido recuperada, estaba de suerte ya que  lo único que queríamos era quitarnos el olor a atún que llevábamos encima pero lo que ya no nos quitábamos era la sensación de haber estado al lado de uno de los animales más imponentes del planeta.

10 Octubre – Hallo Namibia!

Muy a nuestro pesar teníamos que abandonar Sudáfrica para tomar un avión que nos llevase a Windhoek. Nos quedó la sensación de tener que volver a Ciudad del Cabo algún día y completar la visita de la ciudad viendo la Garden Route y el Cabo Buena Esperanza pero el tiempo apremiaba y eso le dejaríamos para otra ocasión.

Un avión de Air Namibia nos llevó durante casi dos horas hasta Windhoek saliendo con algo de retraso para no variar y seguir con la dinámica del viaje. Menos mal que durante el trayecto sirvieron un abundante desayuno y con eso ya me ganaron.

Al llegar al Aeropuerto de Windhoek Hosea Kutako comprobamos el cambio brutal de temperatura. De pasar de 18º en Ciudad del Cabo y un tiempo primaveral pasamos a más de 30º y ni una sola nube. Una furgoneta de Caprivi Car Hire ya nos esperaba fuera para llevarnos a su oficina de alquiler de vehículos que estaba en la ciudad.

Una vez allí, nos dieron un sobre grande de Sunrise tours & safaris, los cuales nos habían ayudado con las gestiones de alquiler y la reserva de campings. El sobre contenía todo tipo de mapas, folletos informativos necesarios para la ruta y todas las reservas de alojamiento y alguna que otra actividad. Tras la explicación pertinente del funcionamiento, utensilios del coche y los temas burocráticos nos adueñamos del vehículo y ya no lo volveríamos a ver tan limpio como estaba ese día en lo que quedaba de viaje.

Coche Caprivi

Nuestra primera parada era Sesriem en el Desierto del Namib y por el retraso del vuelo ya ibamos mal de tiempo para llegar antes de anochecer. La chica de la compañía nos recomendó pasar por Spreetshoogte Pass, un paso de montaña desde el que se ve una increíble planicie, fue el primer sitio que nos hizo sentir que estábamos en Marte y no en Namibia.

Spreetshoogte pass Namibia

Durante el camino vimos sobretodo manadas de Springboks, (las primas hermanas de las gacelas Thompson), algunos avestruces y Oryx, unos antílopes preciosos. La noche nos ganó la partida y la entrada al Parque Nacional del Namib – Naukluft fue a oscuras completamente. Si durante las tres horas anteriores conduciendo habíamos visto los mismos vehículos que dedos tiene una mano, la cosa no cambiaría mucho. Nos tocaba otra horita de conducción sin ver ni torta en uno de los países más inhóspitos y el segundo más inhabitado del mundo. Sólo rezábamos para que no le pasase nada al coche.

Springbok

Namib Naukluft National Park Namibia

Por fin, a lo lejos divisamos Sesriem, ya sólo quedaba encontrar nuestro camping justo a la izquierda según se entra al pueblo, al lado de la entrada a Sossusvlei: el Sossus Oasis Campsite. Este primer camping fue quizás de los mejores del viaje. Son diez cabañas en círculo, alrededor de una pequeña piscina. Cada cabaña dispone de lavabo, ducha y friegaplatos. Además, funcionan con placas solares.

Camping Sesriem

Nada más llegar todo el mundo estaba casi por irse a dormir y a nosotros todavía nos quedaba preparar cena, cama y ducha a oscuras. En la ducha tuvimos esta y las siguientes noches a un gecko que se hizo pronto nuestro amigo, una especie de lagarto que vive en climas desérticos y que no se iba ni a tiros. Era su ducha! Improvisamos algo rápido debajo del porche que tenía cada cabaña para refugiarnos un poco del frío que hacía por la noche. En media horita que tardamos en cenar vimos pasar a un escorpión, unos escarabajos voladores que están por toda Namibia (y acabaron siendo nuestra cena días después) y veíamos todo el rato  con la linterna unos ojitos que se movían rápidamente en la oscuridad. Fueron perdiendo la vergüenza  y al acercarse nos dimos cuenta que se trataba de varios chacales que habían venido atraídos por el olor a comida. Cabe decir que a pesar que entran ganas de darles comida, no hay que darles en ningún caso alimento porque se exponen demasiado al ser humano y de esta forma perjudicamos la naturaleza.

Finalmente y hechos polvo nos fuimos a dormir con los polares y ropa de abrigo porque el frío es abismal, el descenso de temperatura se produce de golpe. Los chacales tuvieron unos cuantos altercados aquella noche entre ellos y con sus aullidos nos quedamos rápidamente roques.

11 de Octubre – Las dunas rojas de Sossusvlei

Nos levantamos bien temprano todavía con el aullido del chacal dentro de nuestras mentes para intentar atisbar el amanecer desde la duna 45. Misión imposible! Como ya más o menos sabíamos, de no ser que te alojes en el camping de Sesriem Camp Site dentro de lo que es el parque, no da tiempo a recorrer los 45 km hasta la duna y subirla. La puerta abría a las 6:45 si no recuerdo mal y amanece justo un poquito antes. Cogimos carretera y manta y fuimos con más tranquilidad por toda la carretera dirección a las dunas y divisando nuevamente numerosos oryx, avestruces y Springboks.

Camping Sesriem

Sesriem Namib Naukluft Namibia

A medio camino de la duna 45 llegamos a un mirador donde se comienza a divisar la hilera de dunas rojas al fondo y el calor acrecienta por momentos. Al llegar a la gran mole de arena nos dimos cuenta que tampoco fue una gran pérdida el habernos perdido el amanecer, ya que estaba llena de gente y todos los todoterrenos y camiones de los agencias de grupo estaban allí en ese momento. La opción que vimos más viable era continuar hacia Deadvlei y ver la 45 a la vuelta cosa que fue de maravilla.

Dune 45

Recorrimos la última carretera de seis km en la que en la entrada reza un cartel “Sossusvlei. Only 4×4”. Estos últimos seis km se convierten en una pista arenosa donde si no llevas reductora es muy fácil que te quedes atrapado en la arena. En aquellos momentos todo eran risas ji ji ja ja la alegría de la huerta. Que un poco de arena no te dejaba avanzar?? Nada. Ponías la “Megapanzer” como yo llamaba a la tracción y listos. Botswana nos esperaba días después para hacernos sufrir de lo lindo. De momento, en Sossusvlei conducir por aquellos lares era divertido y siempre había gente por allí presente.

Sossusvlei 1

Entrada Sossusvlei

Entrada Sossusvlei

Una vez dejamos el coche y ya rodeados de dunas por todos lados fuimos a visitar el Deadvlei donde la sensación de soledad y el cielo más azul que haya visto nunca te dan la bienvenida. Ni una sola nube y un calor de mil demonios. Las acacias milenarias con el suelo blanco de fondo son muy fotogénicas. Pienso que es un remanso de paz y tranquilidad en el que te puedes estar un buen rato disfrutando del silencio y con la sensación de que estás en el culo del mundo literalmente. De camino surgían una especie de escarabajos por todos lados que dibujan líneas interminables en la arena, es muy curioso también de observar.

Deadvlei

Deadvlei 2

El objetivo era haber subido al Big Daddy la duna más alta del mundo con 383 m. La chica del alquiler de vehículos ya nos advirtió que se necesita mucho tiempo y agua y que el calor te mata. Al final, la subimos hasta la mitad ya que tampoco vi a ningún colgado que se atreviese con ello. Eso sí, tiene que valer la pena porque las vistas ya desde la mitad son muy bonitas. A mi más que el cansancio o la cantidad ingente de arena que se mete en el calzado es la sensación de vértigo al andar por la cresta de la duna lo que tira hacia atrás. Pienso que la caída puede ser espeluznante por mucha arena que sea. No es muy apto para gente con miedo a las alturas.

Big Daddy

Big Daddy Sossusvlei NamibiaBig Daddy 3

Volvimos abajo para comer algo improvisado a la sombra de un árbol y a esas horas ya desapareció todo el mundo. A partir del mediodía se podía disfrutar de total tranquilidad y los únicos acompañantes eran un grupo de pájaros muy curiosos que jugueteaban alrededor de nuestra ensalada rápida. El silencio era sepulcral, aún más si cabe. Poco a poco, fuimos volviendo y volvieron a surgir avestruces, springboks y oryx asustadizos a medida que el viento comenzaba a apretar.

Ya por la tarde queríamos ver la duna 45 que nos la habíamos reservado para ese momento y intentaríamos subir a la cima a pesar del fuerte viento que a esas horas se había despertado formando tormentas de arena. Al llegar, sólo había un coche de una pareja que estaba ya casi en el top de la duna. Procedimos a subir y la verdad es que desde lo alto las vistas son increíbles, compensan el calor y la fuerte corriente de arena que te golpea. Hay que estar atentos a no caer rodando desde la cresta, porque sería lo más fácil. Era muy curioso en esta y otras dunas ver como caía la arena por el costado en forma de avalancha como si de una ola se tratase, algo difícil de describir, cae la arena como a cámara lenta muy bonito. Ya sin nadie, pudimos hacer el canelo dejándonos caer un poco y haciendo el bicho bola, muy divertido. Lo llevábamos deseando hacer desde primera hora de la mañana.

Dune 45

Justo antes de la 45 había también dos o tres dunas que a nuestro parecer tenían una estética igual o mejor incluso que la famosa, muy bonitas también. Quizás para nuestra opinión mucho más fotogénicas. A pesar de que ya era tarde, dejamos el coche y nos dedicamos a caminar el trecho que había hasta los pies de estas ya que no están situadas justo al lado de la carretera. A esas horas nos dimos cuenta que el caluroso día nos había dejado un regalo de bienvenida: una nariz en forma de tomate. Por mucho protector que pusimos teníamos la cara roja y más seca que una pasa.

Dune 45 2

Llegamos al camping destrozados tras un día lleno de arena y calor, con la cara en ebullición por los impactos de los granos de arena, literalmente nos dolía la cara. Con todo ello, nos quedábamos con la sensación de haber visto uno de los lugares más increíbles del planeta, un desierto pensamos que único y nada típico, intacto a través del tiempo.

En el camping ya con más tiempo que el día anterior, hicimos la primera barbacoa de muchas con la grata compañía de los chacales. El día siguiente nos esperaba con un largo camino hasta Swakopmund.

12 de Octubre – Swakopmund, un pueblo “alemán” metido en África.

Ese día nos levantamos con la idea de llegar lo más rápido posible a Swakopmund la segunda ciudad de Namibia tras la capital. Tras desayunar, nada más subirnos al coche, sorpresa: no arranca!! Pedimos ayuda en la gasolinera de Sesriem a ver si funcionaba y un buen hombre nos trajo las pinzas para la batería. El coche no arrancaba ni a la primera, ni a la segunda ni a la tercera pero finalmente lo hizo. Este altercado a pesar de solucionarse momentáneamente no nos dio ninguna tranquilidad ya que ese día teníamos que atravesar un largo camino por el que apenas pasa nadie y presentía que fallaría nuevamente.

Tras solucionar el altercado no sin dificultad, no queríamos irnos de Sesriem sin dejar de ver el cañón de su mismo nombre. Está situado a cuatro km por una carretera que empieza a la izquierda de la entrada a Sossusvlei. Al llegar se entra por una especie de grieta y a partir de aquí es como un laberinto hundido en la tierra. Como siempre otro sitio solitario y silencioso con algún que otro springbok despistado que te pegaba algún susto. Cuanto menos es curioso y está muy cerca.

Cañón Sesriem 1

Cañón Sesriem 2

Dejamos atrás las dunas más imponentes para dirigirnos a Swakopmund, pero ya íbamos con la mosca detrás de la oreja por la batería dichosa. Por el camino hicimos parada obligatoria en Solitaire que no es más que una gasolinera acompañada de una tienda y un correo postal. Lo chulo es el ambiente fantasmagórico que desprende rodeada de coches abandonados en medio de la nada y ese carácter antiguo de película. Muy guapo. Después de Solitaire se pasa por la línea imaginaria del Trópico de Capricornio. Foto de rigor y a continuar el camino. El cartelito está en medio de la nada donde caía el Sol quemándote a muerte.

Solitaire

Trópico Capricornio

Entre Solitaire y Walvis Bay queda un extenso territorio que reúne distintos tipos de desierto pero todos dentro del mismo Parque Nacional Namib – Naukluft y se pueden ver cañones como el de Guab y Kuiseb, zonas rocosas, zonas semiáridas y da la sensación de pasar del Sáhara al Desierto del Mojave en un momento. Todo eso se acompaña a que no hay ningún pueblo o signo de humanidad en todo el rato, es alucinante.

Continuamos conduciendo dirección Walvis Bay por la carretera pedregosa que llevábamos desde que salimos de Sesriem. Tras tres días con el coche conduciendo por carreteras de este calibre, por mucho que abrieses la trampilla para airear que lleva el coche el polvo lo inundaba todo. Hay que tapar absolutamente todo el equipaje y comida con bolsas de basura. Justo antes de Walvis Bay paramos en unas dunas de apariencia más amarilla que las de Sossusvlei, si no me equivoco se trata de la Dune 7.

Ya una vez en Swakopmund buscamos lo que sería nuestro siguiente alojamiento durante dos días: Pension d’Avignon. Por las fuertes tormentas de arena en Swakopmund no es posible acampar y nos alojamos en este lugar regentado por una pareja alemana para variar. El sitio es una casa con jardín y piscina situada cerca del centro. Limpio, con parking privado para dejar el coche y desayuno buffet. ¿Para que queríamos mas?

Pension d'Avignon Swakopmund Namibia

Una vez aposentados, fuimos a visitar un poco la ciudad y pudimos comprobar la fuerza de la corriente de Benguela. En el muelle corría un viento espantoso que provocaba un oleaje fortísimo. La ciudad no tiene mucho que resaltar salvo que como el título indica, está llena de edificios a la “alemana” y a su vez los alemanes tienen el control de todos los negocios, actividades y todo lo relacionado con el turismo. Ese día acabamos de realizar trámites necesarios: compra, Internet, etc… y nos fuimos a dormir no sin antes comprobar que el coche por el momento, seguía arrancando.

Swakopmund

13 de Octubre – “Safari” marítimo y a toda mecha con los Quads

Para ese día habíamos contratado desde España dos actividades para hacer en el mismo día. En principio, queríamos haber realizado el descenso en paracaídas pero se nos iba de presupuesto así que decidimos escoger otras. Por la mañana, quisimos ver un poquito la fauna marítima de la costa de Namibia y fuimos con un catamarán a hacer un recorrido por diferentes puntos de Walvis Bay. La empresa que cogimos fue Laramon Tours. La escogimos porque te llevaban en catamarán, a priori más silencioso y más accesible a todas las zonas de la bahía pero el resultado final no nos gustó tanto. Tras llevarnos en bus hasta el muelle, fue aquí donde vimos a las primeras mujeres himba que a la mínima se tapaban la cara por el frío y por la indiscreción de las miradas de todo el mundo.

Nada más salir del muelle varios grupos de pelícanos y gaviotas se acercaban a la embarcación y alguno de la tripulación les obsequiaba con algún pescado. Desde ese momento, nos dijeron que podíamos consumir cualquier bebida que quisiéramos en todo momento que también es de agradecer. De todas maneras el viento era fuerte y la sensación de frío aumentaba a medida que íbamos hacia el fondo con lo cual tampoco apetecía nada frío.

Pelícano

Pelícano 2

Luego nos llevaron a un punto donde se avistaban delfines con el desierto como telón de fondo. Pudimos ver los típicos de «nariz de botella» y otros inmensos que no recuerdo su nombre, pero eran negros y con una raya plateada por el costado. Iban en manadas de varios ejemplares y saltando todo el rato pero la verdad es que el que llevaba el barco estaba en constante estado de “empanamiento” y llegaba tarde a todos los sitios. Fue lo que no nos gustó, parecía que no estaba por lo que estaba mientras que otros barcos pasaban por al lado aunque siempre sin molestar.

Delfín

Walvis Bay

Más tarde vimos algunas colonias de leones marinos que tomaban el Sol en la costa mientras que otros jugueteaban alrededor del catamarán, aunque no tal cantidad como en Cape Cross. El catamarán tenía una plataforma para que subiesen estos animales pero en ningún momento la utilizaron. Alguna perseguía el barco a toda velocidad para atrapar los pescados que le lanzaban. Muy cerca vimos también una colonia de cormoranes inmensa que al alzar el vuelo todos a la vez creaban una estampa muy bonita.

Cormoranes

León marino

Ya de vuelta al muelle te daban de comer unas ostras y diferentes aperitivos del mar que estaban bastante ricos. En general como experiencia estuvo bien pero hubieramos elegido otra compañía de haberlo sabido. Además, nos quedamos con ganas de ver los pingüinos del Cabo que según en que época rondan por allí.

Al mediodía y ya en la pensión, tuvimos el primer percal del viaje ya que probamos el coche y volvía a no arrancar. Menos mal que no nos ocurrió en el trayecto de Sossusvlei a Swakopmund! La señora de la pensión nos ayudó con las pinzas pero no  había manera. No hubo más remedio que a través de ella, viniese un mecánico de un taller cercano y arrancase con otro tipo de pinzas para poder llevar el coche al taller. En el taller comprobaron que la batería como supusimos estaba fastidiada y el ácido sulfúrico desparramaba por todos lados. Cambio de batería y 90 euros que debíamos cobrarle al acabar el viaje a la compañía de alquiler. Allí todo lo que sean reparaciones leves o ruedas funciona así. Tú pagas primero y ya te lo devolverán. Por suerte, todo fue muy rápido y la señora nos ayudó bastante y gracias a eso nos dio tiempo de realizar la otra actividad.

Por la tarde teníamos reservado un recorrido en quad por las dunas de dos horas. La empresa que pillamos fue Outback Orange que por lo que leí en la Lonely Planet y en Internet era la que se dedicaba más al tema y tenía ya unas rutas estipuladas que respetaban la no erosión.

Quad

Esta actividad valió la pena muchísimo ya que a los guías no les importó que durase algo más de dos horas y en total hicimos un recorrido de 53 km por el desierto situado al sur de Swakopmund. El precio es la mitad de lo que te cuesta aquí una salida en quad, con mejores vehículos y por un paisaje precioso. Es una pasada poder conducirlos en la arena y subir y bajar por pendientes acusadas.

Swakopmund desierto

En total éramos unos ocho y nos dividieron en dos grupos según fuésemos más rápidos o más lentos. A parte, tenían también dos tipos de quad, uno manual y otro automático para quien supiese conducir motos. De tanto en cuanto, parábamos para tomar fotografías y en una de esas nos encontramos con una preciosidad de serpiente que según nos dijeron era venenosa pero no mortal.

Serpiente Swakopmund

A pesar de que este desierto está cercano a Swakopmund en cada punto que íbamos parando no atisbábamos a ver la ciudad. En 360º lo único que se veía era arena, parecía un paisaje lunar. En ocasiones, nos acercábamos a la línea de costa y si que divisábamos el mar.

El bañarnos a 1º con el tiburón y varios días ya con el Sol de cara nos había pasado factura y yo llevaba un resfriado encima que me duraría tres días más. A eso se le añadía que tenía la nariz y los pómulos con la piel cayéndose a cachos. Como anécdota a esto, un día antes y con claros síntomas de resfriado, una de las encargadas de la pensión me había parado diciéndome que la señora de la limpieza me había visto enfermo. La encargada de seguida me dijo que fuese al médico porque había una nueva gripe por allí que mataba a gente, suponía que la gripe A, jeje.

Regresamos a la pensión para comer algo rápido y aprovechar la cama ya que en los próximos 19 días lo único que íbamos a catar iba a ser el colchón encima del techo del coche. Al día siguiente nos dirigiríamos hacia el norte por la Skeleton Coast.

14 de Octubre – Skeleton Coast o el fin del mundo

Ese día nos levantamos con un buen desayuno de cuchillo y tenedor a sabiendas que los venideros iban a ser en circunstancias algo más incómodas como ya se demostró en el desierto. Daba igual, estábamos preparados para todo. Nos despedimos de la dueña de la pensión agradeciéndole la ayuda prestada y aliviados por haber conseguido reparar el coche. El día anterior estábamos nerviosos por si no podíamos remprender la marcha que en ese momento era lo más importante, no salirse de lo establecido. Nos esperaban muchos kilómetros llenos de polvo ese día con el añadido de cruzar la mitad de la Skeleton Coast.

Nada más salir de Swakopmund el paisaje se volvía a tornar austero. La carretera que avanza hacia el norte va paralela a la costa y desde ella se puede divisar el mar y a lado y lado hay pequeños asentamientos mineros. No recuerdo a que altura vimos el que sería nuestro único barco encallado del viaje, una víctima más de la furia de este lugar. Por lo que leí la gran mayoría de barcos se sitúan mucho más al norte en una zona inaccesible y sólo se pueden ver mediante la avioneta.

Según lo que vi en la Lonely Planet se trataba de un carguero coreano que había sido uno de los últimos en encallar allí, allá por los años 70. La verdad es que se veía “bastante nuevo”. Decidimos bajar del coche para hacerle una foto lo más cerca posible. Es tal la inmensidad que a pesar de que el barco parecía cerca de la orilla, tardamos mucho en patear desde la carretera a la playa. Al volver hacia el coche en medio de aquella zona desolada en la que no parecía haber ni un alma, surgieron dos personas un chico y una chica como por arte de magia. A parte de intentar vendernos unos minerales nos pidieron encarecidamente agua. Fue a partir de aquí cuando comprobamos la diferencia de clases en este país.

Skeleton Coast Namibia

Continuamos conduciendo hasta Cape Cross, una de las tantas colonias de leones marinos de Namibia. Está situada en medio de la nada en lo que vendría siendo la antesala a la Skeleton Coast. Aquí ya no se ven ni poblados ni absolutamente nada. Nada más llegar, lo primero que salta a la vista es el fuerte olor proveniente de la colonia pero a decir verdad no nos pareció tanto. Supongo que va a gusto del consumidor, como lo de que los canales de Venecia huelen mal.

Cape Cross

La pasarela que recorre el lugar permite pasar muy cerca de los animales sin que tampoco estos se sientan alterados. La vista es impresionante y se ven ejemplares por todos lados tanto en el mar nadando como en la orilla. Están unos apelotonados con otros y si no están peleando o jugueteando están durmiendo. También resultan curiosos los gritos que se dan entre ellos. A pesar de que sí que vimos alguna cría sin vida no vimos a ningún chacal o hiena pero se puede dar el caso.

Leones marinos

Como nos explicaron en la excursión del día anterior, en Namibia estos animales gozan de mejor estatus que en Sudáfrica ya que no tienen depredadores como la orca o el tiburón blanco. Es por esto, que están en tal cantidad y han podido llegar a ser hasta 200.000 ejemplares en esta única colonia.

Leones marinos 2

Dejamos Cape Cross para adentrarnos en uno de los lugares más remotos del planeta, la Costa de los Esqueletos o Skeleton Coast. En la entrada sur del parque marcada con la barrera de las famosas calaveras, te debes registrar como en cualquier otro parque y es aquí donde me sorprendió una cosa. El último registro de paso de un vehículo era de hacía días, y no me extraña!! El lugar es desolador por completo.

Por casualidad, una pareja suiza que ya la habíamos visto en Cape Cross llegaba a la par nuestra y enseguida nos adelantó conduciendo a gran velocidad. Más tarde y con la habilidad premonitoria de Ely los volveríamos a ver en circunstancias aparatosas.

Skeleton coast entrada

Remprendimos la marcha con los ciento y pico kilómetros que nos quedaban de línea recta en la mente hasta llegar al desvío de salida de la costa y que nos retornaría al interior del país. Como ya he dicho el paisaje es un lugar desolador con la costa a un lado y todo el resto una extensión blanca, pedregosa y llena de polvo. Para colmo, a mitad de camino nos sobrevino una tormenta de arena y se armó la marimorena. Nos vimos envueltos en una nube blanca y no se veía absolutamente nada en todo alrededor durante buena parte del trayecto. Previamente, ya con un viento infernal había hecho la gracia de bajar del coche para ver que se sentía y la verdad es que a pesar de ser una gilipollez mola. El lugar no tiene un encanto especial pero la sensación que te da como decía anteriormente de estar en Marte o en la Luna es alucinante.

Skeleton coast

Poco a poco, fuimos dejando la tormenta atrás y llegamos al desvío que te indica para seguir la costa o meterte al interior. Nuestra ración de Skeleton Coast había sido suficiente y giramos a la derecha. Aquí el paisaje cambiaba nuevamente y se parecía a algo similar a las típicas carreteras largas de Arizona.

Cuando quedaba justo un km para la salida del parque… allí estaban los suizos!! A los pobres el terreno pedregoso les había pasado factura y tenían una rueda trasera rajada de arriba abajo literalmente. Nos contaron que al habernos visto estaban esperándonos para que les echásemos una mano.

Avería suiza

Lo que nos quedaba de tarde nos dio para acabar de recorrer los no pocos kilómetros hasta el camping de esa noche, el Camp Xaragu. Este camping está situado muy cerca de los yacimientos de Twyfelfontein aunque no los visitamos por falta de tiempo. Tras un día entero conduciendo (quizás de los que más del viaje) acampamos y disfrutamos de un buen pote de judías con la compañía de la gran cantidad de gatos de ese camping.

Camp Xaragu

Al día siguiente nos esperaba la recompensa a tantos kilómetros y una de las tantas cosas por las que habíamos elegido ese viaje, el poblado himba y la granja de guepardos.

15 de Octubre – Conversando con los Himba y jugueteando con los guepardos de Otjitotongwe

Como siempre amanecía con una luz espectacular y deslumbrante y el día nos esperaba con dos bonitas experiencias. Tras desayunar estuvimos indagando por el camping ya que tenía varios rincones con animales de granja que el día anterior en la llegada no habíamos visto. Sin perder mucho tiempo, volvimos a coger el coche ya que teníamos que llegar a Kamanjab pasando por Khorixas, entre pitos y flautas otros 205 km de polvo. Las distancias son increíbles y al final doscientos te parecen veinte, uno se lo acaba tomando como puro trámite. De todas maneras conducir por aquellas inmensidades es un placer si uno está acostumbrado a tanta ciudad y búsqueda de aparcamiento. Khorixas y Kamanjab son dos poblaciones sin nada en especial: gasolinera, algunas casas y algunas vacas cruzando pero nos dieron la oportunidad de ver que ya por aquella zona la población Himba está presente en buen número.

Las dos actividades de hoy ya las pedimos a la agencia local Sunrise tours & safaris que nos las incluyesen de alguna forma a parte de las reservas de los campings. En un principio queríamos ir a la zona de Opuwo pero por cuestión de tiempo lo desechamos y más viendo que hay algún que otro poblado himba más abajo por esta zona. No supimos hasta el último momento como saldría la jugada pero quedamos más que satisfechos. Una vez llegados a Kamanjab debíamos desviarnos otros 29 km por un camino de cabras para llegar al Gelbingen Lodge que era el lugar que organizaba la visita al poblado. La cercanía a Etosha se dejaba ver y vimos alguna jirafa y que la vegetación iba en aumento ya que el poblado está al límite del parque nacional.

En el lodge nos recibió una chica alemana que nos presentó al guía que nos acompañaría. Junto a él fuimos caminando por un sendero hasta llegar al poblado, que junto al lodge, están situados ambos en medio de la nada. El guía nos comentó que uno de sus padres era herero y el otro himba, dos comunidades antes hermanas y separadas por la colonización alemana pero que mantenían la misma lengua, así que cualquier pregunta él podría traducir. En la misma zanja que rodeaba las casitas del poblado nos dio todas las explicaciones pertinentes a cultura, tradición, forma de vida etc. Tras la explicación pudimos entrar con total libertad y a medida que surgieran dudas nos las iría resolviendo.

Poblado Himba Namibia

A diferencia de Opuwo que por lo que he escuchado debes negociar con el jefe de la tribu tu entrada a su comunidad, aquí ibas a través del lodge y eso nos hacía estar reacios y creer que a lo mejor no era muy auténtico, pero la verdad es que todo lo contrario. La ventaja de estar sólo nosotros dos y el guía nos agradó bastante a parte de que en ningún momento nos metieron prisas o nos agobiaron para comprarles cosas. Nada más entrar nos dedicaron un canto de bienvenida y luego siguieron haciendo sus quehaceres sin prestarnos atención, éramos como un ojo indiscreto.

Mujer himba

En el medio del poblado se situaba el fuego sagrado, alrededor del cual el chamán realiza las celebraciones pertinentes cuando hay un nacimiento o una muerte. Durante la visita realizaban diferentes tareas. Había algunas mujeres que se dedicaban a la construcción de nuevas cabañas que aún estaban a medio hacer. Otras machacaban el ocre con el que luego untan sus cuerpos y realizan su “ducha” particular. Otras habitantes permanecían dentro de sus casas cuidando de algún bebe. En aquel momento sólo había un hombre de los únicos tres que vivían allí. Los niños comían una especie de mejunje de agua con harina.

Mujer himba 2

Niño himba

Al final de la visita, el guía nos preguntó si nos interesaba comprarles algo de artesanía. Ya nos habían indicado anteriormente de que de esta forma el dinero lo destinarían a toda su comunidad y era mejor que darle algo en concreto a uno de ellos y despertar rivalidades. Accedimos a la propuesta gustosamente y enseguida cada mujer y cada niño sacaba un pequeño mantel con sus pulseras, colgantes etc… formando un redondel. Al acabar recogieron todo y se despidieron amablemente de nosotros. Como conclusión, decir que nos gustó mucho la visita al poblado Himba y a pesar que íbamos con cierta reticencia a que fuese un circo, nos sorprendió el poder intercambiar impresiones y pasar un rato agradable a pesar de la barrera idiomática.

Niño himba 2

Peinado himba

Ahora nos quedaba deshacer todo el camino de vuelta por el mismo camino de cabras para volver a coger la carretera hacia Kamanjab. Teníamos que ir dirección a la Otjitotongwe Cheetah Farm situada cerca de Outjo donde haríamos noche. Ibamos con prisas creyendo que mientras más temprano llegásemos más tiempo tendríamos para disfrutar, así que para el mediodía ya nos plantamos en la granja. El lugar está situado a unos 10 km campo a dentro desde que te desvías de la carretera, nuevamente en medio de la nada pero en medio de la naturaleza. Al llegar nos atendió una mujer que nos indicó que hasta la tarde no empezaba la actividad así que tuvimos tiempo para aposentarnos en el que sería nuestro camping. Nos condujo a un plano donde no  había nadie ni lo habría hasta que nos fuéramos al día siguiente. Disponíamos como siempre de la fogata, un parasol para el coche, una mesa, los lavabos y duchas que no estaban lejos y un Sol espeluznante que caía con justicia. Teníamos todo lo que necesitábamos.

Camping Otjitotongwe

Aprovechamos e hicimos tiempo para comer, tomar el Sol y nuevamente una de las cosas más importante de este viaje: la organización! Limpiar el coche por dentro, ordenar la comida, lavar ropa, tender ropa, preparar la tienda… pero a pesar del trabajo extra de este tipo de vacaciones no cambio ni un día de los vividos por nada. Cuando ya habíamos acabado y estábamos descansando un rato, aparece un chico joven en una camioneta y nos indica que podemos subir para ir a ver ya los guepardos. Vamos acompañados de una familia de habla inglesa y una pareja francesa y nos lleva a la misma casa de la entrada donde habíamos encontrado a la dueña que nos llevó a la parcela de camping. Al llegar en tres o cuatro minutos desde nuestra parcela nos encontramos a tres guepardos que campan a sus anchas a nuestro alrededor y nos quedamos con cara de tontos.

Otjitotongwe

Vamos hasta el jardín cercado de la casa y allí el chico (que resulta ser el que se encarga del cuidado de los animales junto a su hermano) nos explica como proceder. Los tres guepardos que nos enseña habían sido criados en cautividad en la granja y podíamos tocarlos sin presionarles ni tocarles la cabeza, sólo de cuello hacia atrás. Era muy bonito porque sin tú decirles nada ya venían hacia ti y en concreto uno de ellos se encaprichó de mi pierna y se puso a lamerla durante buen rato. La lengua era muy áspera como si te pasaran un estropajo de aluminio. Qué dolor!

Guepardo Rob

Guepardo Ely

Durante un rato disfrutamos de la compañía de los felinos desde una perspectiva muy cercana. Luego, el chico nos explicó que al acabar les daría algunas piezas de carne para alimentarlos y que los pudiésemos ver. Si mal no recuerdo aquel día les dio pedazos de babuino pero también comían jirafa y cebra ya despiezada. A pesar de no verles en plena caza impresionaba como en un santiamén dejaban el trozo rebañadísimo. Por lógica, en cuanto cogieron cada uno su pedazo no nos podíamos acercar, simplemente observarlos. Tenían un perro sin miedo alguno que no paraba de molestar a los guepardos y eso que era chiquitillo!

Guepardo

Entre unas cosas y otras estuvimos un buen rato en el jardín, dio tiempo de sobra para hacerte fotos con estos bonitos animales y observarlos con detenimiento. Cuando acabaron de comer el chico se los volvió a llevar y nos comentó que iríamos a ver la reserva donde tienen al resto de guepardos en semilibertad. Para hacer tiempo mientras preparaba las cubetas con la carne, nos llevó con la camioneta hasta una cabaña que tienen a modo de bar y donde estaba su hermano, el otro que se encarga de los animales. Allí este último nos enseñó una pitón pequeñita que el perro que antes comentaba había mordido y la estaban intentando curar.

Pitón

Cuando estuvo todo preparado, nos volvieron a llevar en la camioneta ya hacia la reserva, situada a las afueras de todo el recinto del camping y la casa. Como también es lógico no podías bajar de la camioneta ya que estos animales no habían crecido en cautividad y sí que eran salvajes. Ellos intentaban que los guepardos que tuvieran posibilidad de reintegración volviesen a Etosha y en el proceso de semilibertad les alimentaban con carne ya muerta o en ocasiones con animales vivos.

Guepardos Otjitotongwe

Guepardos Otjitotongwe 2

Dentro de la reserva vivían 21 guepardos a los cuales vimos en dos grandes grupos. No fue difícil encontrarlos ya que al oler la comida ya sabían para quien sería y no dejaban de perseguir el vehículo. El paisaje de la zona era seco y tenían grandes explanadas para correr y varias zonas de árboles. Para darles el alimento los chicos lanzaban los pedazos de carne al aire y el primero que saltase se lo llevaba a buen recaudo para comérselo tranquilamente. De todas maneras miraban que ninguno de los animales se quedase sin su preciado trofeo.

Guepardos carne

Guepardos carne 2

Los guepardos se peleaban entre ellos entre gruñidos y muestras de fuerza, no paraban de enseñarse los dientes. Los más débiles emitían el típico quejido que hacen para llamar a alguno de su especie y que sale en los reportajes. En el segundo grupo los dueños decidieron de repartir el manjar desde abajo, supusimos que ya estarían acostumbrados. Fue entonces cuando los animales la decidieron tomar contra ellos y los gruñidos y bufidos iban dirigidos hacia los cuidadores aunque de todas maneras no se acercaban, esperaban impacientes.

Nos despedimos del lugar dejando atrás los últimos rayos de Sol y nos fuimos a dormir tras un día que había cundido realmente. Disfrutamos de nuevo de la compañía de los chacales que también por allí revoloteaban en la noche al igual que en el Namib. Al día siguiente, nos tocaba ir a Etosha, el primer gran Parque Nacional del viaje que nos daba la primera oportunidad para ver a los cinco grandes.

16 de Octubre – Entrada a Etosha, alrededores de Okaukuejo

Es increíble la cantidad de aves que se pueden ver en este viaje en Namibia y Botswana y más cuando se acerca la época de lluvias. Ese día no iba a ser menos y mientras que desayunábamos cuando salía el Sol, vino una bandada de hornbills para picotear las migajas de las sobras. Son los pájaros que salen en el Rey León aunque los hay de muchos tipos y diferentes colores. Es gracioso ver como se mueven y como graznan cada dos por tres, a parte de que no tienen ningún miedo en acercarse.

Dejamos atrás la granja de guepardos muy a nuestro pesar ya que al irnos volvimos a ver a los tres de la casa jugando por el jardín. Sin más dilación emprendimos rumbo hacia Etosha, había que continuar viendo animales. La carretera que va hasta Anderson’s Gate, la entrada a Etosha por Okaukuejo, está en muy buen estado y la verdad no tardamos excesivamente en llegar. Por el camino ya se veía más tráfico de 4×4 de turistas que días anteriores ya que antes nos habíamos llegado a sentir como si fuéramos de los pocos que estaban visitando el país y no era así. En esta carretera también hay que tener cuidado de los facoceros y chacales ya que era la primera vez que veíamos la señal del facocero dentro del triángulo exclamativo pero no sabíamos hasta que punto era necesaria. La cantidad de estos animales que se cruzan es abismal, no paraban de salir a un lado y otro de la carretera cada x metros junto con Dik diks y chacales. Cabe recordar que son ellos los que están en su territorio.

En la entrada a Etosha no habríamos más de cuatro coches en aquel momento. Rellenas el papeleo necesario y a dentro. A 17 km a partir de esta entrada se encontraba Okaukuejo, el camping donde nos alojaríamos las próximas dos noches. Al llegar, nuevamente más papeleo más que nada para certificar las reservas. El lugar dispone también de gasolinera, un lodge, tienda de víveres… vamos que se veía bien preparado, de hecho es una de las tres estaciones principales del parque junto con Halali y Namutoni.

Entrada Etosha

Okakuejo

Una vez nos indicaron lo que sería nuestra parcela salimos volando de allí para aprovechar el día al máximo. La idea era llegar a algún punto cercano a Halali, situado a la mitad de la carretera que bordea el Etosha Pan y volver al atardecer a Okaukuejo. Las carreteras de Etosha a pesar de que son de grava y piedra se encuentran en buen estado y hay infinidad de caminos que recorren todos los “Waterholes”, pequeños abrevaderos donde los animales sobretodo en época seca acuden en masa. Teniendo un mapa del parque es imposible perderse y más o menos hay señales indicadoras cada ciertos desvíos que señalan los abrevaderos y las principales estaciones. De hecho, no es necesario todoterreno para circular por allí aunque sí recomendable. Fueron los menos pero sí que vimos algún turismo.

Oryx

Springbok

Si ya de por sí Etosha es una planicie enorme, la zona de Okaukuejo por lo que vimos quizás sea más plana aún que Halali o Namutoni. La dinámica de ese día fue ver manadas enteras de herbívoros en general, en todos y cada uno de los abrevaderos que dominan esta zona. Entre otros animales, los que se veían en más cantidad eran oryx, springboks y cebras. A parte de estos tres también pudimos ver jirafas, ñus, impalas, alcefalos, facoceros, ardillas, avestruces, gallinas africanas, águilas pero íbamos ojo avizor por si veíamos algún felino.

Springbok 2

Cebras

Pequeño impala

Justo antes de comer divisamos a una leona descansando en la sombra al lado de un abrevadero pero por la lejanía no se le podía hacer ninguna foto digna. Estábamos seguros que en todo lo que quedaba de viaje veríamos más leones. Ya que no está permitido bajar comimos dentro del coche con vistas a uno de los waterhole. A pesar de que los campings estaban llenos es tal la inmensidad que incluso también aquí puedes disfrutar de tranquilidad.

Waterhole

Ardilla

Pájaro loco

Avestruces

Ya por la tarde queríamos volver al camping no muy tarde para preparar todo y poder coger un buen sitio en el waterhole del propio camping de Okaukuejo. La parcela constaba como casi siempre de pila para hacer fuego, una mesa y lo que más nos sorprendió, una luz halógena para alumbrar. Estábamos situados cerca del barracón de los lavabos y al lado teníamos un árbol con un nido de pájaros inmenso y repleto de agujeros por los que no paraban de entrar y salir. La zona de acampada estaba bien en general, aunque había mucha gente todo estaba bastante espaciado.

Camping Okakuejo

Durante el rato que estuvimos cenando el cielo ya estaba en penumbra y estuvimos escuchando el rugido de los leones y como no, nuevamente a los chacales. Había cierto alboroto por aquellos alrededores. Me atrevería a decir que no hubo noche en este viaje que no se escuchase por la noche a los leones, era increíble la sensación.  Al acabar nos dirigimos al waterhole para ver si veíamos algo interesante. Ya el propio sitio de Okaukuejo es un espectáculo en si mismo en cuanto a fauna se refiere. Es el único lugar en el mundo donde se han avistado leones devorando un rinoceronte negro y un lugar excelente para ver a estos últimos durante la noche. Si Etosha es de los mejores lugares del mundo para avistar rinocerontes, la charca de Okaukuejo se lleva la palma.

Rinoceronte Okakuejo

La charca está a una distancia prudencial de la valla que la separa del recinto del camping. Hay unos cuantos bancos para sentarte y disfrutar de la vista durante las 24h pero es por la noche cuando hay más afluencia de gente y cuando se pueden ver cosas más excepcionales. Los animales van entrando y saliendo como los instrumentos de una orquesta y respetando los turnos entre ellos en un silencio sepulcral. La tenue luz ayuda a que el lugar quede disimulado a la vista de los animales.

La suerte que tuvimos aquella noche fue la de ver entre otros animales a una pequeña familia de cinco rinocerontes negros. Revoloteaban alrededor del agua corriendo y bebiendo, yendo y viniendo de aquí para allá, no paraban quietos. En su compañía estaban las jirafas, asustadizas de todo y que para beber de una en una se tiraban más tiempo vigilando los alrededores que bebiendo. Los chacales se veían como algo insignificante y pequeñito al lado de las moles de cuernos. Ya a punto de irnos apareció un viejo elefante que asustó a todos y se quedó con todo el lugar para él sólo. En todo momento el silencio era la tónica y se podía oír la respiración de los animales, fue algo impresionante para nosotros.

Rinocerontes Okakuejo 2

Nos fuimos a dormir con un gran sabor de boca. El hecho de haber podido disfrutar de ver a algunos de los ejemplares de una de las especies más en peligro de extinción en frente de nuestras narices, no tuvo parangón alguno. Las ganas de ver más animales en Etosha iban en aumento y todavía teníamos dos días enteros para buscarlos.

7 Respuestas

  1. semperffidelis

    Impresionante vuestro viaje, !Qué envidia!
    Fascinantes fotos y el relato, maravilloso.

    Responder
    • conarenaenlamochila

      Muchísimas gracias semperffidelis! Nos alegra que te haya gustado y esperamos que te pueda servir para animarte a realizar la Ruta del Okavango en un futuro próximo! Nos llena de orgullo tu comentario, te lo agradecemos inmensamente. Saludos

      Responder
  2. Héctor

    Una chica en un foro me recomendó ayer vuestro blog (ando buscando aventuras en la India),
    y cada entrada que leo me gusta un poco más!
    Me encanta lo que leo pero, sin duda alguna, los diarios de África me han podido!
    Qué pasada de viajes, de fotos y de experiencias! Espero poder vivir algún día algo parecido!
    Un saludo desde Madrid de un viajero novato!!
    Héctor

    Responder
    • conarenaenlamochila

      Hola Hector!! Ante todo muchísimas gracias por tu visita, por comentarios como el tuyo merece la pena esforzarse cada día por el blog!!
      África sin duda ha sido nuestra aventura más especial, a la que tenemos mucho cariño por todo lo que aprendimos y todas las experiencias que vivimos. Un viaje que te recomendamos hacer algún día!!
      En cuanto a India, no sabemos si te habrás leído el diario pero en cualquier caso aquí estamos para cualquier duda que tengas! Es un país al que hay que ir con la mente muy abierta y todo ira sobre ruedas.
      Un fuerte saludo! Y gracias de nuevo por tus palabras!

      Robert y Ely

      Responder
  3. Ana Mejido Castro

    Hola pareja!!!
    Me habéis dejado verde de envidia. Hemos disfrutado mucho de vuestros diarios:útiles, amenos, completos, tentadores!!!. Y vaya fotos!!
    Nosotros hemos estado con la mochila en Sudáfrica, pero nada que ver con vuestras experiencias. Me habéis metido las ganas de Namibia en el cuerpo y ese picor se va a quitar dificilmente……
    lo de ir de campings me encanta: (somos camperos desde hace muchos años). El único inconveniente que le veo es que somos una nulidad en cuanto a mecánica….y eso da un poco de miedo.

    Siempre digo que viajar es VIDA, y que debería de ser obligatorio para conocer otras realidades.
    Ojalá sigáis comentando vuestras salidas y seré una seguidora!!!.

    Gracias a miles!!!!
    Seguro que nos iremos a Namibia……y me vendrán genial vuestros consejos!!!!

    Gracias……….

    Responder
    • conarenaenlamochila

      Hola Ana!
      Ante todo agradecerte tus amables palabras!! Gracias a comentarios como el tuyo seguimos cada día con ánimo para contar nuestras batallas!
      Que suerte que hayas estado en Sudáfrica! Después de pisar por unos días Ciudad del Cabo, nos quedamos con muchas ganas de más.
      Nosotros no somos nulos, sino lo siguiente en mecánica!! jaja pero la necesidad hizo que nos espabiláramos al momento y aprendimos mucho de ello. Al fin y al cabo creemos que de eso se trata el viajar, de disfrutar y aprender!!
      Lo de los campings no lo cambiaríamos por nada! Cenar bajo ese cielo de estrellas y escuchar los sonidos de la sabana no es algo que se olvide fácilmente.
      Os deseamos que pronto podáis visitar Namibia y sobretodo Botswana que fueron una auténtica maravilla y no os defraudará! Y cuando lo hagáis aquí seguiremos para que nos contéis vuestra experiencia y si necesitáis algún consejillo, no dudéis en preguntar!
      Un saludo y mil gracias de nuevo por tu comentario!

      Robert y Ely

      Responder

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